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Al mirar con entusiasmo de aficionado el cometa Halley, hace algunas noches, pensé en un joven astrónomo inglés que estudió el mismo cometa tres siglos atrás con capacidad excepcional. En el mes de septiembre del año 1682 se dio cuenta de que el movimiento del cometa era retrógrado —opuesto al movimiento de los planetas— movimiento que había sido observado también en el Gran Cometa del año 1531, según los apuntes del célebre astrónomo alemán Peter Bienewitz —mejor conocido en la forma latina de "Petrus Apianus"—. Sabía también que el mismo fenómeno había sido observado en el cometa de 1607 por el más famoso alemán Johannes Képler. ¿Podrían ser los tres cometas, el mismo cometa único? El joven astrónomo inglés se llamaba Edmund Halley, pero todavía no sabía que el cometa iba a tener su apellido, que de hecho estaba mirando “su” cometa. Sin embargo, siendo sumamente erudito no menos que intuitivo, observó también que los cometas de Bienewitz y Képler habían aparecido dentro del lapso de casi exactamente el mismo tiempo que pasó entre el de Képler (1607) y el actual (1682). Con la ayuda de su inmenso conocimiento de las teorías de su amigo Isaac Newton, Halley se atrevió a predecir la reaparición del mismo cometa en el año 1759. Halley, desdichadamente, iba a fallecer en 1742, y por eso no pudo observar el éxito de sus cómputos. Pero cuando efectivamente “su” cometa apareció como él lo había previsto, el mundo científico se puso de acuerdo y le dio el honor póstumo de nombrarlo “Halley”. Entonces, cuando el cometa volvió según sus cálculos pronosticados en el año 1910 y este año (1986) también, siempre se lo llama o “el cometa Halley” o más simplemente “el Halley”. Efectivamente, lo había previsto, con algo de patriotismo, cuando escribió: “La
posteridad cándida no rehusará reconocer que fue un inglés
quien lo descubrió por primera vez.”
Edmund Halley, sin embargo, aún durante su vida era reconocido como un gran astrónomo. Ya cuando tenía sólo veinte años fue al hemisferio sur donde hizo el primer catálogo de 341 estrellas no conocidas en el norte, e hizo descubrimientos importantes sobre los tránsitos de Venus y Mercurio, junto con estudios de Júpiter y Saturno. De hecho, en el año 1720 fue nombrado astrónomo real después de su estudio de todos los cometas entonces conocidos. Fue él quien hizo posible la publicación del gran libro de Newton, «Principia Matematicæ», y su propio libro «Tabulæ Astronomicæ», terminado poco antes de su muerte, fue publicado póstumamente en 1749. Otro discípulo del célebre Isaac Newton, nacido en Manchester, fue Thomas Falkner. Desde joven se hizo médico, era conocido como el discípulo “preferido” de Newton, y fue elegido miembro de la Royal Society probablemente cuando Newton era presidente (1703 - 1727). Pocos años más tarde, Falkner, en 1729 o a principios de 1730, fue comisionado para que en nombre de la sociedad, pasara al Río de la Plata para estudiar las propiedades médicas de las yerbas sudamericanas. Impresionado enormemente por las obras misioneras de los jesuitas en esta región, Falkner entró en su compañía —entonces, desde luego, la Provincia del Paraguay— el 14 de mayo de 1723, hizo sus estudios filosóficos y teológicos en las facultades de Córdoba, y se dedicó al apostolado de los aborígenes de la Patagonia. Después de varios años trabajó como sacerdote, médico —los documentos lo llaman el “único médico” de la región— e investigador de plantas y animales, fue mandado a la Universidad de Córdoba como profesor de varias ciencias, incluida la astronomía. Es evidente, aunque no poseemos documentos para probarlo, que con su formación bajo Newton fue uno de los más sensibles y sensatos observadores del cometa Halley cuando pasó cerca del Sol en los meses de febrero y marzo del año 1759. Ni es difícil imaginar el contento del P. Falkner al ver realizada la predicción de su compatriota y colega de la Royal Society, Edmund Halley. Nueve años antes de aquella aparición del Halley, murió en la Reducción de Santa María la Mayor, otro misionero paraguayo famoso en el mundo de las ciencias, Buenaventura Suárez. Aunque compañero de Falkner, Suárez nació en América —Santa Fe, hoy Argentina— el 3 de septiembre de 1678. Siendo un joven prodigioso en materia de astronomía, seguramente habría observado con gran entusiasmo la llegada del cometa Halley en el año 1682, la misma llegada que observó Halley en Londres. Siguiente: Halley, Newton y Paraguay (2)
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